CAPÍTULO 5 ·HBUCDL· EL JURAMENTO

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···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA···
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··· EL JURAMENTO ···

Theron Evoryan-Grienne era un nombre muy evocador para un guerrero; demasiado romántico y señorial para alguien que habría manchado su espada con sangre en batallas que, yo qué sabré, habría librado. Nunca le había visto. Ni aún siquiera habíamos intercambiado palabra alguna. Pero ya le temía. Infundía, con su presencia altiva y fuerte, una personalidad trascendental, casi mítica. De hecho, por ejemplo, no me lo imaginaba sonriendo.

Ramelek hubo de notar algo en mi nerviosismo, porque, con su exquisita sutileza, me dedicó una mirada de soslayo, y algo que parecía ser una incipiente sonrisilla que murió aún antes de nacer. Yo, por mi parte, me aclaré la garganta, e intenté lucir como una persona normal. Y fue entonces cuando lo estropee.

—Ëvor, te he convocado por un sencillo motivo: proteger con tu vida a la futura reina de Gamesh. Al término de esta noble misión, quedarás dispensado y podrás volver con tu familia.

[¿Por qué le llama Ëvor? ¿Familia? ¿Qué clase de familia: padres y hermanos? ¿O esposa e hijos?]

—Así será hecho, señor.

Y acto seguido, se puso en posición firme, con el brazo derecho cruzando su pecho hasta llegar al corazón. Su mano izquierda tocaba su espada con firmeza y entera disposición de usarla en el nombre de mi protección. Jamás había visto algo tan hermoso y temible, al mismo tiempo.

Me miró, sin temor, sin temblar, y me dirigió sus primeras palabras, frías y cortantes como el hielo de las tierras del norte.

Señora, juro a usted mi lealtad, y juro que mi espada atravesará cualquier amenaza real o infundada, para salvaguarda suya. El hijo del león rugirá para guardarla, aunque su sangre se derrame, aunque su vida se escape.

Se inclinó levemente hacia mí, en un gesto de reverencia y cortesía, para luego ponerse de rodillas, tomar mi mano, y besarla en honor a su juramento previo. Al levantarse, me miró, miró a Ramelek, se dieron un abrazo de esos que se dan los hombres de guerra cuando han compartido batallas juntos, y montó su caballo con la misma presteza con la que vino. Se alejó un poco y Ramelek le siguió para darle algún tipo de instrucción detallada que no quería que yo escuchase. El guerrero sólo asentía, moviendo su cabeza ligeramente en sentido afirmativo. Se dieron la mano, y se marchó ágil, como el viento.

—Y bien, ¿qué te ha parecido tu protector?

—Creo que prestará un gran servicio a Gamesh, aunque sigo pensando que no es necesario que contrates para mí a una niñera…

—Cuidado, Sahar, me da la impresión de que aún no eres del todo consciente del peligro que corres. Si hubiese querido contratar a una niñera, como tú dices, en Gamesh y en sus alrededores hay cientos de ellos. Pero Ëvor no es un hombre cualquiera. No es alguien que trabaje por dinero Sahar, no. Él es de una estirpe de guerreros antiguos que no presta sus servicios a cambio de oro o favores. Sólo conoce del honor, la lealtad y la justicia. Cumple un estricto juramento milenario. Cuando ha dicho que te servirá con su vida, la connotación es severamente literal. Y como un consejo, te digo que lo trates siempre con el debido respeto. Puede que tú seas llamada a ser la reina de Gamesh, pero te aseguro que es por la sangre de los Evoryan-Grienne que este reino se ha sostenido en la extensión de los tiempos.

Asentí con la misma solemnidad con la que Ramelek me había hablado. Y, entonces, le lancé mi pregunta:

—¿Por qué le llamas Ëvor, y no Theron?

—Ëvor es su nombre de guerra. En su dialecto ancestral quiere decir: “el hijo del león”.

*** ** ***

Theron

Soy un guerrero de sangre noble, pero jamás me he jactado de ello. He combatido desde que tengo memoria. He luchado contra las sombras de mi propia existencia, y contra los guerreros más aguerridos y temibles. Algunas veces me han vencido; otras muchas, he vencido yo. Pero jamás me he rendido. Es por ello que me he ganado el respeto y el honor de los que me conocen, y aún de mis adversarios. Asumo mi nuevo rol como protector de la legítima reina de Gamesh. Y no tengo temor, sino a no cumplir con mi misión. Un guerrero jamás puede involucrarse emocionalmente con aquellos a los que protege o defiende, pues, sujeto a sus emociones, dudará en el momento menos indicado, y eso podría ser nefasto. Por lo tanto, esta no será la excepción.

 

Continuará…

[LIHEM BEN SAYEL]

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Capítulo 4 ·HBUCDL· La espada del zafiro azul

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···HISTORIAS BAJO UN CLARO DE LUNA···
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··· LA ESPADA DEL ZAFIRO AZUL ···

Recuerdo una escena nítidamente, como cuando tienes el sol a tus espaldas, y lo ilumina todo delante de ti. Recuerdo haberle visto con la mirada al infinito. Creo que fue allí cuando me tembló el corazón.

¿A quién esperamos?, le pregunté ansiosa a Ramelek. No me estaba dando cuenta, pero me movía en círculos, muy lentamente, con las manos en jarra sobre la cintura, y miraba al suelo arenoso y ocre. No entendía por qué tanto misterio. Por qué nadie podía saber de nuestro encuentro. Por qué tuve que disfrazarme con un vestido negro de tela gruesa y calurosa, y con un velo sobre la cabeza. Por qué estábamos tan lejos de casa en un lugar recóndito de Gamesh. Si es que estábamos aún en Gamesh.

Ramelek me miró, y con su notoria agudeza me hizo sentir ridícula. Fue ahí cuando me quedé quieta; y empecé a resoplar del calor. Quería quejarme, e irme. Pero sólo había un carruaje. Tenía sed y estaba empezando a empaparme de sudor. Pero de pronto, llegó.

Sentí su magnetismo, su agilidad y su fuerza. Estaba de espaldas a mí. Escuchaba el galope de su caballo, veloz y seguro. Era un galope contundente, como la voz de Ramelek al decirme: aquí está.

Me volteé, y fue como una visión. Un hombre joven, pero mayor que yo, sin duda, con un largo cabello lacio y negro que le acariciaba la espalda. Una mirada penetrante, que me hizo sentir pequeña y grande a la vez. Era hermoso y varonil. Pero su hermosura era un compendio entre actitud y belleza natural y salvaje. No era como los muchachos de Gamesh. No. Tenía una mirada de hierro, como quien ha visto demasiadas cosas que talvez nunca podría llegar a contar. Noté el rubor en mis mejillas. Aparté la mirada. Sentí un escalofrío recorrerme la piel. Quería esconderme detrás de un árbol. Lo peor de todo, es que no sabía por qué.

Ramelek le recibió serio, pero se hicieron un extraño saludo, una especie de saludo militar, en cuanto bajó del caballo, un corcel negro y resplandeciente, de enormes fauces, de fuerza estrepitosa, que no dejaba de resoplar, como si quisiera seguir galopando. Como si le molestara la inactividad. Claro. Era el caballo de un guerrero. Y no de cualquier guerrero, como me diría luego Ramelek.

En el instante en que se puso de pie frente a mí, tuve que levantar la mirada hacia él. Era alto como los cedros que rodeaban Palacio, y fuerte como un roble azul. Tenía sendas venas en sus manos, que daban la impresión de estar en una constante tensión. Fue luego cuando me di cuenta de que llevaba consigo una espada de grandes dimensiones, con un enorme zafiro en el pomo. Sentí temor, y a la vez, fascinanción por conocer la historia de esa espada.

“Sahar, este es Theron Evoryan-Grienne, y será tu sombra, hasta que te corones como reina de Gamesh.”

Hasta ese entonces, él aún no me había mirado a los ojos. Y cuando lo hizo, me dio la sensación de que aceptaba su tarea con disciplina, pero no podría decir que con agrado, aunque nada en él fue descortés. Nos saludamos con una inclinación de nuestras cabezas. Él se puso la mano en el pecho al hacerlo. Yo quería reír de los nervios. Quizás fue él quien me hizo sentir una reina por primera vez. Pero no por ello parecía sentirse inferior a mí. Como ya les había dicho, Theron era un hombre. Y yo sólo sé que jamás había conocido a alguien como él.

Continuará…

[Lihem Ben Sayel]

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Capítulo 3 ·HBUCDL· Los muertos no deciden nada.

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···Historias bajo un claro de luna···
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··· Los muertos no deciden nada ···

 

Daferno, el hermano de mi padre, entró al salón principal de palacio, con la arrogante e imponente satisfacción de quien se siente el hombre del momento…

Yo, joven e inexperta aún en el conocimiento de la profundidad del pensamiento humano, y de sus múltiples formas de manifestarlo, me sentía como la vasta y colorida alfombra de tierras lejanas que él iba pisando, cada vez, con mayor fuerza y rotundidad. No pretendía que me tratase cortesmente, ni mucho menos esperaba reverencias o tratamientos especiales, dada mi inusitada condición de futura reina de Gadesh, pero, al menos, esperaba que mostrase algún tipo de pesar por la muerte de su hermano. Supongo que eso era mucho pedir.

Él ya venía con el discurso ensayado, pero no podía ocultar su prepotente ambición: reunir en asamblea a la corte real, con sus consejeros y principales, y darles a entender una obviedad [no olvidemos que, en un reino donde no darse cuenta de las obviedades es semejante a algún tipo de herejía sacramental, esto no era poca cosa]: la corona debía reposar sobre su cabeza, y no sobre el cabello enmarañado de una muchacha, con poca  o ninguna idea del mundo que la rodeaba. El resultado de la nefasta decisión del difunto real, decía él, podría terminar en un reino dividido, y destruido, para siempre.

Ante sus palabras [las cuales tuve que escuchar] empecé a sentir cómo ese grupo de hombres, autodenominados sabios y eruditos, se mostraban, en cierta forma, complacidos con la actitud de Daferno. “Habría sido mejor rey”, escuché decir a alguien, a manera de susurro, mientras su interlocutor asentía con la cabeza, resignado. Y es que Daferno imponía. Su miraba penetraba. Su sonrisa era encantadora, y sin embargo, había algo malicioso en ella. Sus palabras, perfectamente escogidas y articuladas, parecían disfrazar siempre alguna otra intención a la aparente. Era alto, tan alto como los pinos de las afueras de palacio, o, al menos, eso me parecía a mí. Y, al contrario de muchos reyes de la dinastía, Daferno parecía tener especial cuidado con su aspecto físico. Era de esa clase de hombres vanidosos, que siempre buscaban el halago, y sólo sabía rodearse del tipo de gente que siguiera su juego. Pero tenía un magnetismo arrollador: querías que él estuviese al frente del asunto, fuera cual fuera. Aportaba la seguridad arrogante del ganador. Y el mundo va tras esa clase de personas.

¿Qué podía hacer yo contra alguien así…?

Sentía las miradas reprobatorias de gran parte de la asamblea. Y yo sólo quería desaparecer debajo de la tierra. La decisión final de la asamblea fue unánime: querían escuchar mi defensa ante tal reclamación.

Ramelek no cabía en sí. Un hombre que siempre había dominado todas sus emociones, no cabía en sí. ¡¿Cómo es posible que tan siquiera se planteen el hecho de revocar la orden de nuestro rey?! Pero, tal como había dicho Daferno, en su tan bien elaborado discurso: el rey estaba muerto. 

Y los muertos, no deciden nada.

Cuando le comuniqué a Ramelek mi negativa a presentar mi defensa, él, sorprendentemente, volvió a ser el mismo. Meneó la cabeza de un lado a otro, y ese rotundo “no” gestual, me acribilló hasta los tuétanos. Te pararás allí en medio de todos, me dijo, y cumplirás tu cometido. Por un momento, se me pasó por la cabeza imitar su gesto con la cabeza, pero, la poca sensatez que aún podía rescatar en mí, me advirtió que no lo hiciera. Y así lo hice. Por lo tanto, usé mi mejor recurso: los discursos pomposos.

«Gamesh es un reino pequeño, pero digno, que se ha mantenido a través de los tiempos con un pilar sustancial: el amor a la sabiduría. Y, Ramelek, mi querido Ramelek, si decidimos escuchar a la voz de mi padre, por encima de la voz de la sabiduría, nuestro reino se desmoronará. Apelo a tu sensatez para que, por muy doloroso o inquietante que te resulte, aceptes dar continuidad a Daferno, y revoques la decisión de mi padre. Siempre has sido el hombre más influyente de este reino, aunque no llevaras la corona sobre tu cabeza. El pueblo, y los sabios que gobiernan este pueblo, están esperando con ávida atención tu próximo paso a dar, y no debe ser en falso, o lo único que queda de mi padre, habrá muerto con él, también.»

Ramelek sólo me miró durante dos segundos, pero me parecieron dos milenios. Hablas como tu tío, me espetó. No pude evitar agachar la cabeza, pues no le faltaba razón. En cierta forma, estaba apoyando más a Daferno que a mi padre, mostrándome reacia a cumplir con su voluntad. Su última voluntad. Y ahí, fue sólo ahí, cuando un océano de lágrimas se destapó en mi interior, y empecé a llorar con toda la rabia, el dolor y la confusión que sentía. Me había quedado huérfana de padre y madre. Sola. Asustada. Apocada. Abatida. Y ni siquiera había podido llorar a mi padre. No se me había permitido aún lidiar con mi luto, ni con mi realidad. Y encima, por si fuera poco. me habían lanzado sin más [sin ninguna preparación, sin antelación] a una marea peligrosa de conspiraciones, de obsesión con el poder, de estrategias insólitas con fines puramente egoístas. Ramelek me abrazó con la ternura de un abuelo, y me dejó posar sobre su hombro, mientras yo me aferraba a él, como suplicándole que me salve de todo esto. Lloré. Y lloré. Desconsolada.

Creo que fue en ese justo momento cuando a Ramelek se le ocurrió la idea.

Continuará…

[Lihem Ben Sayel]

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Capítulo 2 ·HBUCDL· Aquella noche fría y turbia

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···Historias bajo un claro de luna···
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··· Aquella noche fría y turbia ···

En el momento en que recibo la carta de mi padre, ya no se me trata como a una joven común…

Más bien, pareciera que había una seriedad poco habitual en el semblante de Ramelek. Como fiel consejero de mi padre, Menérides, el patriarca de Gamesh, y de su padre antes que él, Ramelek había aprendido que la mayor virtud de un consejero era el silencio. Sí, el silencio. Porque, su privilegiada posición, siempre le proveía de toda clase de información. Sus ojos lo analizaban todo. Sus sentidos lo escudriñaban todo. Y tenía la asombrosa capacidad de resolver los conflictos más complejos con un gesto, con una mirada, con una sílaba, con un movimiento ladeado de su cabeza. Ese era Ramelek. Y ahora, estaba frente a mí, en mitad de la noche más confusa de mi vida, diciéndome, con un gesto de su cabeza, que tomara el último escrito de mi padre, y lo leyera. Las lágrimas aún corrían por mis mejillas, cuando, al verle en actitud apremiante y solemne, descubrí que se avecinaban otros días más oscuros, más revueltos.

En Gamesh, un hombre y una mujer se convierten en adultos cuando han celebrado  las veinte fiestas del Jaffá, una fiesta celebrada anualmente, a la luz de la luna llena de los últimos dos meses fríos del año. Hay música, mucha música… Danzas tradicionales, banquetes memorables, y una larga lista de escenas bochornosas, fruto del vino joven de la última cosecha. Pero ante todo, el momento más especial de la noche, es la Ceremonia de la luna, en la que, luego de un par de ritos cargados de emoción, orgullo y honor, se nombra, al fin, a aquellos hombres y mujeres como parte de la activa de la comunidad. Juran proteger al rey. Juran ser fieles a la sabiduría. Juran morir por el honor. Juran proteger la libertad. Todo niño y toda niña de Gamesh sueña con esa noche idílica. Y yo también había soñado con aquella noche, aunque con motivos muy diferentes.

Por tradición, en caso de muerte, la corona siempre reposará sobre el miembro más veterano de la familia. Esto es, en el cabeza de familia. Por lo tanto, la corona tendría que reposar, por ley, en el hermano de mi padre, Daferno. Sin embargo, por algún desconocido e inusual motivo, que tomó por sorpresa a todo el reino, mi padre decidió nombrarme a mí heredera, rompiendo así una larga tradición con escasísimas excepciones, aunque esto es perfectamente legal, ya que él está en su derecho, como rey, de elegir a su sucesor.

A sabiendas de esto, se me crió ajena a todo tipo de responsabilidades oficiales. Y, como cualquier niño o niña de Gamesh, crecí bajo el cobijo de interminables libros que almacenaban todo tipo de historias y sabiduría, aprendiendo todo tipo de términos y expresiones que me servirían para poder hacerme un lugar en la Cúpula de Alvazea, la Gran Asamblea de los Sabios, donde aquellos dotados del poder de la palabra y el pensamiento crítico logran una notoria eminencia y relevancia en la comunidad. Y ya está.

Pero no, mis aspiraciones no se centraban en la Cúpula de Alvazea, sino en viajar y recorrer todo tipo de caminos y sendas, más allá de Gamesh, e ir mucho más lejos, al sur. Alejarme lo más posible de todo aquello que he conocido. Comprar alguna casa de piedra y un caballo canelo, y cabalgar, y leer, y escribir todo tipo de historias, mientras bebo algo caliente a la luz de las estrellas. Una vida simple y austera, donde no habría espacio para nadie más que para mí, y mi caballo.

Nunca me he considerado hermosa, pero poseo ciertas particularidades, de las cuales mi madre siempre me hizo sentir orgullosa. Cierto día, mi institutriz me había regañado por algo que vagamente recuerdo, y yo me negué a reconocer mi error, de hecho, porque no me había parecido cometer ningún agravio. Simplemente ofrecí mi opinión en cierto asunto, y a ella, claro está, no le pareció acertado. “El alumno jamás corrige al maestro, puesto que el alumno es inferior a su maestro”, me espetó.  “De acuerdo”, le respondí, “pero, de hecho, lady Sareem, si usted es plenamente segura de sus facultades, intentará, por todos los medios, desarrollar mis capacidades, al punto de que pueda superarla. Eso denotaría…”. Y fue entonces cuando, en medio de un chillido abominable, me interrumpió con una sarta de bobadas acerca del respeto, y sus años de enseñanza, y de mi tozudez, y de mi incapacidad para respetar la autoridad. Yo fruncí el ceño. Mamá me siempre decía que aquellos que gritan es por falta de argumentos. sostenibles. Y yo, con toda templanza, le recordé a lady Sareem aquel sabio dicho de mi madre. Fue entonces cuando se puso peor, y me llevó ante la reina Leaoniss, para decirle que no podría educar a un pequeño y prepotente ser que se piensa más sabia que su maestra. Mi madre la escuchó… y la dejó partir. Lady Sareem salió bastante molesta. Me temo que esperaba que la reina intentara retenerla, algo que ella no tenía la intención de hacer. Luego, a solas, mamá me miró a los ojos: “escúchame bien, pequeña lady Sahar, dignidad no es lo mismo que orgullo, pero autoconfianza tampoco es lo mismo que prepotencia. No renuncies a tu pensamiento sólo porque alguien, grande o pequeño, te diga que no es lo correcto.”

Echo de menos a mamá. Ninguna niña, a los nueve años, está preparada para ver a su madre ser enterrada a varios metros bajo tierra. ¿Cómo se supera eso…? Mi padre, un hombre bondadoso, pero frágil, y carente de la fortaleza y vivacidad de mi madre, se había sumido en un reino de soledad a partir de allí, olvidando todo y a todos… incluyéndome a mí. Ramelek intentó ejercer de tutor mío más allá de lo que mi padre pudo ejercer alguna vez conmigo, pero el daño ya estaba hecho: yo me había encerrado en mi propio universo, y era imposible penetrar en él. Y las institutrices —oh, las institutrices—siempre me daban por imposible. “No es propio de alguien de tu estirpe el querer renunciar a una vida familiar. En un reino, cada miembro de la realeza tiene la honorable responsabilidad de pensar en un legado.” ¿De verdad, con trece o catorce años, tenía que proyectarme a vivir una vida familiar? ¿De verdad no me estaba permitido soñar más allá de todo aquello? El amor, para mí, sería algo mágico que surgiría en alguna de mis aventuras, recorriendo el mundo, pero jamás, jamás permitiría que fuese algo impuesto u obligatorio. Preferiría el exilio.

Pero ahora, yo, Sahar Laeynus de Evöryan, en exactamente un año y veintidós días, me convertiría en la futura reina de Gamesh, por orden de un rey moribundo, y seguramente temeroso por el futuro de su hija.  Jamás olvidaré aquella noche fría y turbia, pues a partir de aquella noche, convergerían todo tipo de historias, bajo un claro de luna.

Continuará…

 

Capítulo 1 ·HBUCDL· Todos, menos yo

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···Historias bajo un claro de luna···
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···Todos, menos yo···

Existen tantas formas de contar una historia… 

Puede empezarse a la luz de la luna, en medio de la quietud y de la soledad; en medio de la opacidad que esconde la noche. Se guardan secretos, se leen poemas, se sueñan sueños imposibles, se susurran al viento juramentos privados que jamás diremos a nadie, no por vergüenza, sino por dignidad.

Yo soy una especie de carta escrita sin prisas. El escritor ha escogido el papel con calma, ha seleccionado la tinta negra, puesto que la azul le resulta demasiado vivaz, y los amantes de la melancolía y la poesía, raras veces resultan vivaces. Sí, el negro es perfecto, piensa él, pero no por lo oscuro, sino por lo fuerte. Y se sienta, con la parsimonia y con la lentitud que heredó de sus antepasados —después de todo, se trata de un rey. Toma la pluma, y la golpea religiosamente tres veces, luego de haberla sumergido en la tinta que él llama “la adecuada”.

Se pone la mano bajo la barbilla y sus ojos se dirigen, abstractos, hacia la tenue luz de las velas que se mantienen fulgurantes en su candelero de oro. Y escribe… no sin un gesto de dolor en su rostro envejecido y preocupado:


“En nombre mío, el rey y gran patriarca de Gadesh, escribo esta carta: estoy a punto de morir. El veneno que he ingerido, hará efecto poco después de haber firmado este edicto real. Así que, sin más dilaciones, y con el pulso tembloroso, otorgo los poderes a mi hija, mi única y amada hija, Sahar, para que sobre ella pese la corona de este reino, una vez que ella llegue a su edad adulta, lo cual será en, exactamente, en un año y veintidós días. Nadie, ni hombre ni mujer, podrá revocar este edicto, el cual es la última orden lúcida que emito a mi pueblo. Solo la muerte la separará de su destino. Con lo cual, y en vistas del gran peligro generado por ciertos acontecimientos estos días, en el que fuera, hasta hace poco, nuestro pequeño pero pacífico reino, me he visto en la necesidad de asegurar su protección a toda costa, y la he delegado a mi más fiel consejero, el anciano pero invencible Ramelek, que busque y otorgue la responsabilidad de la protección de la heredera y futura reina de Gadesh a quien él considere oportuno, bajo la lectura de su agudeza y perspicacia, ya bien conocidas por el reino, y aún fuera de él. Las condiciones de mi muerte no les serán esclarecidas, puesto que, ni aún mismo yo sé aún cómo he caído en esta trampa, en la soledad de mis aposentos, en plena campaña por la paz. Aquí termina este edicto, y, por tanto, ahora hablaré como padre. Sahar, amada hija, busca la luz, en donde crecen las flores del cidro…

Con profundo afecto, tu padre.”


El pergamino fue hallado por su escudero, sujeto por las entumecidas manos de mi padre, quien, atacado por algún tipo de veneno mortífero, nos había dejado para siempre. Y me había delegado un destino, que yo nunca pedí, y para el que no estaba preparada para afrontar. Su muerte me afectó profundamente, pero, ante todo, cambió mi vida de una forma drástica e irreversible.

Él sabía que estaba muriendo, y sabía el tiempo del que disponía con misteriosa exactitud. ¿Se había quitado la vida…? Por todos era sabido que la muerte repentina de mi madre le había roto por dentro. Pero yo nunca… nosotros nunca imaginamos que podría llegar a tal punto su dolor. Sí, se ha quitado la vida, fruto del fatídico dolor, por la pérdida de su amada. Esa fue la conclusión a la que llegaron todos.

Todos, menos Ramelek. Todos, menos yo.

Continuará…

«Historias bajo un claro de luna» —Introducción.

Introducción.

¿Dónde estás? ¿En qué momento de tu vida te encuentras lidiando? ¿Cuántas decisiones has tenido que tomar para llegar hasta aquí? ¿O es que tal vez sientes que, estás donde estás, pero no por decisiones, sino por ciertas razones ajenas a tu voluntad?

Seguramente, tu vida sea un cúmulo de todos esos factores. Seguramente te sea también fácil reconocer cuáles fueron tus puntos de inflexión. Tú y yo nos hemos equivocado. Hemos tomado decisiones cobardes. Hemos dejado ir a personas por puro temor. Hemos herido con la única intención de protegernos, —como si eso fuese una excusa aceptable. Nos hemos hecho fuertes en ocultar nuestras debilidades. Pero seguimos caminando, porque no encontramos otra alternativa eficaz a la vida.

Nos queda seguir. Seguir amando; seguir riendo; seguir luchando; seguir viviendo. Nadie podrá decirte —con exactitud— cómo es esto de vivir. Vas a tener que experimentarlo por ti mismo. Ningún testimonio acerca de la vida será tan certero y fiable como el tuyo.

Tú sabes lo que has pasado. Tú conoces esos baúles de tu alma donde se esconden tus secretos más peligrosos. Los más desdeñables. Los que cambiarían el concepto que otros tienen de ti. O peor aún, te redefinirían frente al espejo.

Quizás no te atrevas a seguir este camino, porque es posible que no quieras adentrarte en aquello que desconoces. Pero la búsqueda de la verdad exige desenmascarar los estereotipos y los preconceptos.

Pero si quieres venir, no tengas miedo. Yo recorreré este camino contigo…

Lihem Ben Sayel
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Un poco de todo.

El año pasado tomé una decisión un tanto brusca y radical, pero hasta el día de hoy, de lo único que no me he arrepentido es de haberla tomado antes. Había dejado de lado muchos libros de enriquecimiento espiritual interesantísimos, así que el año anterior decidí aparcar todo tipo de literatura secular y centrarme en ellos. El resultado fue un enorme aprovechamiento de reflexiones profundas y consejos prácticos para la vida que, siento, me han hecho mejorar y salir de “mi mundo”.

Literalmente, 2016 fue el año en el que más libros leí. Perdí la cuenta de todos los títulos leídos, pero recuerdo perfectamente aquellos que me dejaron una profunda huella. Y de hecho, sigo recurriendo a ellos muy, muy a menudo.

Este año, con el tema de mi pequeñín, estoy consciente de que no tendré el mismo tiempo para leer la misma cantidad de libros que el año pasado, pero… tengo unos títulos buenísimos que al menos valen la pena que luche por intentar leerlos.

Ahora mismo,estoy leyendo dos libros: “Una vida con propósito” de Rick Warren, (sí, una vez más), y “Dios tiene un plan maravilloso para tu vida: el mito del mensaje moderno”, este último de Ray Comfort.

El 2016 fue un año importantísimo para mí, y una de las cosas más relevantes que me dejó como herencia, fue el hecho de crear el hábito de buscar a Dios cada día, sin escatimar en tiempo ni basándome en estructuras previamente aprendidas. Quiero decir, he aprendido (y sigo aprendiendo) a simplemente “pasar tiempo con Jesús”. Adorarle, escucharle, y por último, si es necesario, pedirle.

Como algunos saben, hasta llevo un diario que me permite registrar día a día lo que vivo con Jesús en mi tiempo con Él. También estudio la Biblia, obviamente. Ahora estoy con 1 de Corintios y con la lectura sistemática de los Evangelios (una costumbre que adopté ya hace muchos años).

Un abrazo a todos. Tengo que ir a planchar ropa de bebé jeje.

Manipulación.

«Algunas de las formas de manipulación son el enfado y la indiferencia. Hay personas que reaccionarán de esta manera cuando tú no pienses como ellos, o no hagas lo que esperan de ti. Qué importante es fortalecer nuestra identidad para no ceder ante la intimidación. Dios nos hizo libres. Y nadie tiene el derecho a robarnos la libertad…»

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Un corazón encendido.

«Abraham tenía de todo, pero nada era suyo. Este es el secreto espiritual, la dulce teología del corazón que se aprende en la ESCUELA DEL RENUNCIAMIENTO. Los libros de teología sistemática no hablan de esto, pero los entendidos lo comprenden.»

—A. W. Tozer.

Esta frase es el resumen de lo que ha sido mi vida a lo largo de este año. Los que han leído mis Blogs asiduamente en estos meses, se habrán dado cuenta de un nuevo tono. Estos escritos suelen reflejar por entero mi vida, mis emociones y experiencias. Y estoy feliz de que, cuando los años pasen, tendré la oportunidad de volver a leerlos y revivir de esa manera el paso-a-paso de este año, al cual he denominado “el mejor año de mi vida”. 

Morir. Renunciar. Entregar. Buscar. Estas palabras son un resumen aún más conciso. Miro a mi alrededor, y hay algo que me emociona enormemente: personas que han oído mi experiencia este año, han sido encendidas en sus corazones. Han tomado o están tomando decisiones similares a las mías, con el fin de entrar en un nuevo nivel de profundidad y continuidad en su búsqueda de Dios. Talvez eso me emocione tanto, como haber encontrado el camino, al fin.

En mi espíritu siento un fuego que quema; y quema a diario. ¿Dónde está aquella “yo” que era antes? Digamos que he muerto. He muerto y he vuelto a nacer con más vida que antes. De hecho, he nacido a una nueva vida, más real, más hermosa, más profunda. Lejos de la vanidad que antes me dominaba. “Mi parte, no me será quitada jamás”.

No cambio mi “nueva vida” por nada. Mi hijo, que está en camino, se ha sumado a esta nueva vida. Veo los resultados en mi matrimonio, en mi hogar, en mis relaciones con los demás. Veo corazones encendidos, pequeñas llamas que van creciendo, y que a su vez encienden a otras. Eso me hace saber que ha valido la pena todo el proceso que he vivido.

Si quieres que te cuente más, tomamos un café.

Lihem Ben Sayel… 🙂

Adiós, mi querido amigo, con quien podía hablar de literatura…

Fíjense, que no encuentro mejor expresión para describir lo que siento. Qué fastidio. No se imaginan el enorme bajón que me ha venido al conocer que hoy era el último chat digital de Carlos Boyero en “El País”. Precisamente ayer había pensado en hacerle una pregunta (ya que hace mucho que no lo hacía). Y cuando entro a la entrevista digital, afirman que era su último chat.

Qué ENORME fastidio. Y hasta unas pocas ganas de llorar. ¿Dónde se supone que volveré a contactarme con él? Les parecerá ridículo, pero a estas alturas era la única persona con la que podía sentir cierta afinidad (en algunos aspectos, obviamente). Las otras personas se han ido. Otra vez encerrada en mi propio laberinto.

Parece una tontería. Pero créanme, que a estas alturas de mi vida llena de “crisis de amistades que nunca cuajan del todo”, personas lejanas (pero a la vez cercanas) como Boyero, eran un hermoso ideal. Le deberé un par de cosas, entre ellas, que me haya presentado a Jhumpa Lahiri. La escritora más elegante y quirúrgica que conozco.

Adiós, mi querido amigo, con quien podía hablar de literatura…

P.d.: No es recomendable escribir de estas cosas mientras escuchas “Gymnopédie #3” de fondo. Te pones a llorar. (En caso de embarazo, el malestar se torna agudo).